Coqueteo con olor a pérdidas

Por Gabriela Ruiz Bonilla Martes CNN Expansión , 11/09/11

El acoso sexual, además de afectar el clima organizacional, redunda en pérdidas millonarias

Una organización típica de Fortune 500 puede esperar pérdidas anuales de $6 millones de dólares –aproximadamente– por no aplicar una política contra el hostigamiento sexual, según la revista estadounidense Working Women. Las mermas por dicha práctica se expresan en ausentismo, baja moral, disminución de la productividad, incremento en gastos médicos, elevada rotación y, claro, demandas legales. Sin embargo, en México el fenómeno apenas empieza a reconocerse; aunque existe desde hace mucho.

Dice Luis Manuel Guaida, presidente del Comité de Asuntos Laborales para la Cámara Americana de Comercio: “El acoso sexual no ha surgido a la superficie como una problemática legal. Es como un iceberg, conocemos nada más la punta y la mayor parte permanece oculta, pero está ahí. El hostigamiento en México se ha cobijado bajo una larga tradición de machismo, pero con repercusiones para mujeres y hombres”.

Los cambios en la economía y en la sociedad no sólo han modificado las relaciones laborales al interior de la empresa, sino también las conductas sexuales. “¿Cuántas comidas de grandes negocios, cuántas firmas de contratos no se hacen en un entorno de convivencia sexualizado?”, pregunta el siquiatra Alberto Rish.

Y aunque hasta ahora es más frecuente escuchar casos de hombres que acosan a mujeres, lo cierto es que también ocurre a la inversa, e incluso, entre personas del mismo género.

Hace dos años, el periódico español El Mundo publicó que la firma japonesa Mitsubishi tuvo que desembolsar $34 millones de dólares –en un acuerdo extrajudicial– para hacer frente a una demanda que realizaron 300 trabajadoras de su planta de ensamble en Peoria, Illinois. ¿El motivo? Las empleadas recibían insultos y pellizcos, entre otras acciones ofensivas, ante la sordera e inacción de los supervisores y directivos.

El asunto llegó a niveles de escándalo y, de acuerdo con el informe de la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo de los Estados Unidos (citado por el diario), “las trabajadoras estaban por lo general desmoralizadas y asustadas. No se atrevían a denunciar los casos por miedo a represalias”.

Cuando las víctimas son hombres el silencio es mayor. Los empleados acosados sexualmente suelen callar por temor a que se cuestione su hombría o, más común, a que no se les crea. Sin embargo, el pasado mes de febrero, cinco empleados de United Airlines presentaron cargos de acoso sexual contra un supervisor masculino y el asunto sigue en la palestra.

En virtud de que la sexualidad está presente en toda organización, Rish considera vital establecer límites claros entre conductas correctas e incorrectas, pues la falta de información al respecto puede dar lugar a calumnias y acusaciones infundadas que podrían acabar con una carrera brillante.

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h3.Ojo, mucho ojo

Según Guaida, el tema del hostigamiento sexual en México se comenzó a ventilar a partir de que grandes multinacionales “importaron” sus políticas de prevención –o códigos de conducta– desde Estados Unidos o Europa a sus instalaciones en el país. Las primeras acciones que se dieron en el territorio nacional respondieron más a una política mundial de estas empresas que a una iniciativa mexicana. La mayoría de estas compañías cuentan con manuales y seminarios para prevenir y combatir el hostigamiento sexual.

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Guaida y Rish coinciden en que lo mejor es que el ofendido diga al ofensor que su conducta no es bienvenida, usando un tono aclaratorio más que acusatorio. En caso de que el acoso persista, convendrá recurrir a algún supervisor o superior. La campaña elaborada por la diputada Jiménez aconseja no guardar silencio y comunicar lo sucedido a familiares y personas de confianza. Ignorar el problema, se insiste, sólo lo agrava.

Algunas víctimas se sienten culpables o responsables de ser acosadas y por ese motivo les resulta más difícil denunciarlo. Eso no debe ocurrir. Sin embargo, comprobar un hostigamiento es muy difícil. Para fundar una acusación hay que aportar pruebas contundentes porque “todo mundo es inocente hasta que se prueba lo contrario”, señala Guaida.